nada

No escribir de nada

Jul 24, 2026

Podría escribir de mi abuela muerta, de cómo su convalecencia fue dolorosa y sinsentido. Podría en cambio escribir del cielo azul, de por qué es azul, de por qué nos gusta su color y de las lluvias atípicas que riegan la ciudad desde hace meses. Podría escribir de quien está sentada frente a mí (adivinen quién es), que a su vez procura escribir sobre psicoanálisis, mientras nos distraemos mutuamente con ideas sueltas. Podría escribir del celular que me anuncia todo de lo que pasa pero que no informa nada, de cómo en estas vacaciones no pude desconectarme porque los tiempos de dios son imperfectos. Podría escribir un análisis comparado de la Ciudad de México y Buenos Aires, capitales económica y cultural de América Latina respectivamente. Podría escribir de alguna canción, no sé, de El Zar, o de Mika, o de Cornelius y ejercitar el músculo de la reseña tan fortalecido cuando hice radio. Podría escribir algo profundo sobre religiosidad y pensamiento mágico, de cómo la cadena consecuencial de Práctica > Costumbre > Rito > Mito > Religión > Iglesia nos distingue como humanos. Podría escribir sobre ser sordo de un oído e inventar un término como «estereonormatividad» para quejarme amargamente del diseño de los audífonos; o sobre por qué he jugado mal futbol las últimas semanas, de cómo me afecta, me vuelve temeroso de la vejez. Podría escribir de corregir mis propios textos, de revisar esto tras escribirlo y daré cuenta que publicarlo no vale la pena. Podría hacerlo de política, de la relación México-Estados Unidos, de la guerra terrible de 1847. Podría escribir del amor y la frustración y la luz que brinda; o de la luz misma que es un espectro de algo inimaginable; o de la electricidad que corre y corre por las paredes, o de los electrones que no podemos percibir más que sus efectos, nunca por su ser; o del valor histórico que tienen los bares de Sanborns y de la afrenta a la memoria urbana que implica su destrucción; o de la relación con los viejos, de cómo marca la vida; o de vivir la separación de tus padres no en la infancia sino en plena adultez cuando se te prohíbe estar triste; o del museo del textil; o de México-Tenochtitlan; o de la industria de la publicidad y su esencia de caja negra, oráculo de delfos, rito de paso capitalista; o de IA (como si no hubiera suficientes textos amateur que hablaran de eso); o del cansancio que siento por las mañanas y que me hace sospechar del cansancio existencial; o de la importancia de tomar agua como símbolo de abrazar lo simple; o de la vuelta al mundo que estoy por dar la semana que entra; o de algo, cualquier cosa.

Pero no voy a escribir de nada, como el nombre de este blog.
De nada.

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